TEXTO DE SALA
Las partes
Sobre la obra de Cecilia Lenardón
Ahí están las cosas, acumulándose pese a todo, pero no al acecho, no a la espera, porque esperar o acechar son actitudes nuestras. No hay forma de alcanzarlas. Aún cuando las tocamos hay palabras en el medio. Las cosas son lo otro del humano y lo mismo: recuerdan o delatan, callan, se resignan. Son utilidad y redundancia, opacidad y poder, deseo y repulsión, desintegración y permanencia: son lo que somos y lo que seremos.
I. Cosas como una ventana o una puerta forman parte de la estructura de una casa, otras integran su interior: un ropero, la alacena, alguna biblioteca. Cecilia Lenardón (Rosario, 1979) en sus fotografías expone el desglose de las partes que forman distintos elementos domésticos.
Las fotos fueron compradas en un banco de imágenes, se trata de piezas donde no hay rastros de subjetividad. Tras el desmantelamiento de los conjuntos -de la puerta se desprende el marco, de la alacena se exponen sus puertas, platos, tazas y vasos- no habría pérdida o proceso de duelo porque esas cosas no habrían sido jamás fuente de deseo, por lo tanto botín de batalla. Tampoco existiría sentimiento de melancolía por lo que se ha perdido porque la ausencia de huellas de uso deja en claro que nunca fueron poseídas. Cosas despojadas de ornamentos, sin marcas, austeras, vacías. Fantasmagóricas.
II. “Y ahora -pronunció la escritora de ciencia ficción Úrsula K. Le Guin (2014)- tanto los poetas como los científicos están extendiendo el aspecto racional de nuestra sensibilidad relacional a las criaturas sin sistema nervioso y a lo no viviente, ser criaturas en compañía de otras criaturas, ser cosas en compañía de otras cosas”.
Mientras un segmento significativo del arte se dedica al antropomorfismo de manera creativa y la filosofía posthumanista se ocupa de resaltar la agencia de las cosas y vivientes no humanos, Lenardón lejos de las extendidas poéticas del fin del mundo y de la experiencia animista, propone atenta a los distintos tipos de desmantelamientos -del Estado o inclusive del planeta propios del neoliberalismo extractivo- desarmar el todo en sus partes para entender cómo funcionan los sistemas a partir de la teoría de los conjuntos.
III. El juego con la escala 1:1 de las impresiones intensifica la experiencia de proximidad entre la imagen de los objetos, que aunque se encuentran desafectados, es imposible ignorarlos y tratar de encontrar una pista que trascienda el ascetismo y la literalidad más allá de lo muestran. Los objetos genéricos hacen ver que no importan ellos sino la idea de lo que ellos son… What you see is what you see.
Las imágenes de objetos de uso no son más que eso. Despojadas de metáfora o connotaciones posibles se convierten en objetos de contemplación. Y en estos tiempos, tal como señaló recientemente el crítico Gabriel Giorgi (2025) la pelea por la atención es una de las batallas políticas, culturales y subjetivas del presente.
De este modo, la sala de la galería se transforma en una especie de jardín zen subterráneo donde las imágenes de elementos domésticos reemplazan a las cosas que los budistas elijen para llegar a instancias trascendentes de desapego material y por supuesto para meditar. Hay que tener en cuenta que para la doctrina budista la dualidad sujeto/objeto no existe porque cada uno sería el todo y el todo cada uno. “Por eso –señala Salvador Benesdra- la máxima ambición humana debe ser materializar la fusión de cada uno con el todo, que constituye el estado de Nirvana y que en realidad no es más que la fusión de cada uno con la nada, porque el todo, el buda, es idéntico a la nada…”.
IV. Pero la investigación de la artista no está centrada en lo objetos, sino en la disposición en el espacio y en la condición material sobre la que se imprimen las fotos. “La concentración del trabajo está más en el proceso de presentación de las imágenes que en las imágenes en sí. Que lo que se vea no sean las cosas, sino el tratamiento de las cosas”, reconoce Lenardón. Copiadas en blanco y negro, todas las obras están ordenadas por tamaño y desplegadas en la sala bajo una secuencia rítmica simétrica que recuerda a las filas de estudiantes de la tradición escolar pero a la inversa, de mayor a menor. Sin contacto físico, cada obra está rodeada de espacio. Esa zona negativa que tanta relevancia tiene en el jardín zen.
V. El trabajo no habla de la obsolescencia de los objetos sino de las imágenes y la materia. Impresas sobre papel blanco, las imágenes adquieren la sutil curvatura de la memoria de la enorme bovina de papel industrial sobre la que están copiadas, y dado que, ligeras, se encuentran colgadas sin marco ni protección alguna, aparecerá con el tiempo el trabajo que hacen la luz, las partículas de polvo y la humedad… pero hay que recordar que “La resistencia a caer es cualidad de lo viviente, las cosas vivas se mantienen alejadas del suelo porque son capaces de tolerar su propio peso. Cuando flaquean y mueren sucumben a su peso desmoronándose. En ocasiones el peso es tal que superan la barrera del suelo: es el enterramiento. A veces el peso aparece como analogía de la gravedad: la fuerza de gravedad como ley física universal. Pero también otro tipo de peso, la gravedad como tono verbal y actitud declamatoria, pueden condenar al poeta”.
Con humor y ligereza, la exploración de Cecilia Lenardón abre una instancia para detenernos, barajar y dar de nuevo.
Lara Marmor.









