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MEDIANO ó LOS VIAJES

MEDIANO ó LOS VIAJES
JULIÁN USANDIZAGA

CURADURÍA

Guillermo Fantoni

INAUGURACION:

19/6/26

CIERRE:

26/9/26

TEXTO DE SALA

Medianoche o los viajes de Julián Usandizaga

Obras 1965-1975


Creador virtuoso, “autor faro” cuando se trata de artistas identificados con el surrealismo y el arte onírico, maestro indiscutible en el campo de la gráfica, Julián Usandizaga es todo esto y mucho más. Iniciado en el taller del pintor académico Marcelo Dasso, alumno de Bellas Artes en la entonces Universidad Nacional del Litoral, becario en Barcelona para especializarse en la técnica del aguafuerte, y, ya maduro, frecuentador de los célebres cursos del riguroso Juan Grela, Julián vivenció todos estos avatares a partir de continuos desplazamientos: de Juncal a Rosario para estudiar, de esta a Buenos Aires para exponer y proyectar su obra, y finalmente a Barcelona que abrazó profundamente. A su vez, experimentó esas situaciones como matrices del cambio para moldear su personalidad y como aspecto medular de su biografía. Por esa razón, su primer gran trayecto de vida podría pensarse a partir de la figura del viaje: primero por la geografía, segundo por lo más medular de su interioridad y, posteriormente, subjetividad mediante, por lo más sustancial de la historia del país y del subcontinente en momentos decisivos de la utopía liberadora. Historias que tienen al artista como espectador privilegiado y, como el título e iconografía de una de sus obras de 1972 lo indican, es El ojo que ve de un modo incisivo entre los dorados sesenta y los tormentosos setenta, entre aperturas democráticas e intentos autoritarios.


El título de esta muestra, Medianoche, deviene de dos obras detallistas y minuciosas que en la nimiedad de un plano de papel encierran todo un mundo; mejor dicho, el mundo o los mundos habitados por Julián Usandizaga en un momento crucial de su itinerario biográfico y creativo. Se trata de San Felipe Neri, Medianoche. Los amigos, de 1972, y Buenos Aires Medianoche. Cuenta recesiva, de 1974, dos maravillosas aguafuertes resueltas en un par de años que evocan, a veces en forma directa, pero otras elusivamente, la expansión y la contracción, el vuelo y la pesadumbre que giran en torno a las alternativas del viaje. De esta manera, la primera remite a la travesía entre España y América, al encuentro con las obras consagradas y los artistas admirados, a las experiencias culturales en Barcelona, y, por supuesto, a la sociabilidad y la amistad, más allá de las distancias que imponen el tiempo y la geografía. La segunda presenta, como contrapartida, el deseo de viajar y la imposibilidad de cortar amarras, la necesidad de conjurar los obstáculos que impiden el libre desarrollo de la subjetividad y la realización en todos los órdenes de la vida.

Reproducidas y difundidas ampliamente, estas impresiones que provienen de planchas de metal grabado, funcionan como una marca de identidad ya que condensan motivos iconográficos, recurrencias temáticas, repertorios formales y encuadres compositivos; en suma, modos de hacer propios del primer gran ciclo creativo del artista, desarrollado entre mediados de la década del sesenta y los primeros años de la del setenta. Por tal razón, estas obras dialogan entre sí y a su vez con pares similares; pero también con otros grabados y dibujos con los que comparten el gusto por las líneas ondulantes y los arabescos afines al Modernismo catalán y el Art Nouveau; también por las composiciones circulares y las inversiones, los espejados y las simetrías; una suerte de dualidad reiterada que atraviesa diversas series temáticas y que propone recurrencias estilísticas e ideas fuertes. Asimismo, esos universos circulares están habitados por una infinidad de seres y objetos, por personajes aislados con sus circunstancias peculiares o por conjuntos que forman escenas y se van encadenando unos con otros como en las obras de Hieronymus Bosch. Son universos donde las “imágenes imposibles” propias de la imaginación surrealista participan de una realidad omnicomprensiva y donde los elementos aparentemente extraños e inefables no dejan de señalar situaciones tangibles y cotidianas, no exentas de humor y fantasía.


Sin embargo, más allá de la celebración y de la algarabía que atestiguan los rostros y los nombres dibujados sobre el soporte de una de esas aguafuertes dedicada a Los amigos, la mención de la encantadora placita enclavada en el barrio gótico de Barcelona y presidida por la Iglesia de San Felipe Neri, impone, por su propia mención, la consideración de un episodio luctuoso ocurrido durante la Guerra Civil Española. Aunque lúdicas y festivas, predominantemente existenciales, estas obras fueron gestadas en tiempos que alentaban utopías, pero también atravesados por complejas transiciones y regresiones. Porque durante el lapso en que Julián plasmaba estas visiones existenciales, él y otros tantos artistas apelaban a los recursos del surrealismo y el arte fantástico para conjurar las situaciones insoportables o para sumergirse en las complejas realidades que los envolvían con un profundo sentido crítico. Por ello, estas imágenes que evocan los avatares de la vida desde los embriones, los soles y los eclipses, el amor y la amistad, los desplazamientos y la cultura, no están exentos de dramaticidad y hacen pensar, mediante pequeños detalles, en un pasado cargado de intensidades, en las contradicciones del presente y en las incertidumbres de los tiempos que se avecinan. No en vano, obras como El cronógrafo y El pacto, realizadas en 1973, muestran los símbolos argentinos en una extraña y dramática inestabilidad; la oscilación entre las fuerzas vitales y las de la oscuridad que, vista retrospectivamente, compone una de las constantes de la historia nacional y, en ese sentido, también, abren el último y gran derrotero en la vida del artista. En otras palabras, el trayecto que se inicia alrededor de los episodios de 1976 y que se extiende hasta los últimos momentos de su vida; ciclo en el que abordó, deliberada y explícitamente, y más allá de las problemáticas existenciales, los dilemas del poder en la Argentina y América Latina.


Guillermo Fantoni / Rosario, junio 2026

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