SELVA

Exhibición Sala #2/2020 - 30.09.20 ALICIA NAKATSUKA

Colores vibrantes, exuberante vegetación, abundancia de exóticas flores y aves, animales ocultándose en la tupida fronda. ¿Un jardín, acaso el Paraíso? La biblia dice que Dios plantó un jardín (o huerto, según las traducciones) en Edén. Jardín, huerto y paraíso tienen etimologías similares, refieren a un lugar cerrado, cercado, donde todo, animales, flores y árboles, está dispuesto para disfrute del hombre. En la Persia aqueménida, paerdís eran los cotos de caza real y los jardines paisajísticos. Selva, en cambio, proviene del latín silva (con el significado de bosque abundante), de origen incierto pero que se asocia con el protoindoeuropeo *widʰu (del que derivarían los vocablos widu en inglés antiguo, y wood en inglés actual). De la misma raíz silva provienen salvaje y silvestre (como sucede con widu/wild en inglés). Selva, entonces, a diferencia de jardín o paraíso, nos refiere a lugares en los que nuestra presencia no está presupuesta. Lugares salvajes en los que nosotros, los hombres, estamos ausentes, o al menos, que las cosas (la naturaleza) no están dispuestas para nuestro uso. De hecho, las nuevas pinturas de Alicia nos presentan un espacio colmado, impenetrable, al que solo podemos asomarnos. Nos maravilla, pero es inaccesible.

Naturaleza proviene del latín natura, que, como su equivalente, el griego physis, designan un proceso, un devenir espontáneo, el del nacimiento, crecimiento, brote. En ese sentido, el de proceso, podemos hablar de representación de la naturaleza en todas las obras de Alicia, en ese trabajo de proliferación, de crecimiento, de añadido. Planos que se superponen en sus instalaciones, aves y plantas que proliferan (que parecen surgir espontáneamente) en los papeles o telas estampadas, hilos que brotan y cuelgan, derramándose de los tapices y bordados, flores que –juraríamos- se abren ante nuestros ojos surgiendo de la espesura…

Un estilo de tapicería tardogótica, desarrollado principalmente en Francia y Flandes a fines del siglo XV y comienzos de XVI, se denomina millefleurs (de las mil flores). Este estilo, de una fuerte influencia oriental, complejo y exquisito, y que combina lo narrativo con lo ornamental, se caracteriza por situar a las figuras -que relatan una historia- sobre un fondo plano conformado por una intrincada diversidad de minúsculas flores. Se diferencia de otros estilos de decoración floral en que no hay un patrón regular, y las flores son de una gran variedad (por ejemplo, hay 101 diferentes especies botánicas en los siete tapices de La caza del Unicornio). En sus obras anteriores Alicia transformaba, interviniendo con su pintura (como lo hace ahora en Escenario de un sueño exótico), los patrones repetitivos de los papeles y telas estampadas y convirtiéndolos en irregulares e intrincados millefleurs, que no son ya narrativos, pero tampoco ornamentales.

El segundo de los tapices del ciclo que mencioné anteriormente (La caza del Unicornio, conservado en The Cloisters de Nueva York), denominado El avistamiento del Unicornio, o El Unicornio en la fuente, nos muestra en su parte inferior una escena que quiero describir aquí. Al pie del tapiz, bajo la fuente que está en el centro, y aparentemente inadvertidos del grupo de cazadores que los rodean, se halla el Unicornio (hundiendo su cuerno en un hilo de agua, ya que según la leyenda mediante este acto la purificaba). Junto a él, entre flores y plantas frutales, toda una serie de animales. Vemos un león y una leona, un ciervo, una pantera, una gineta o una comadreja, una hiena, conejos y diversas aves. Hay una extraña calma en este tapiz. Toda acción está suspendida. Las reglas de la cacería indican que esta no comienza hasta que la presa no echa a correr, y ésta aún no ha advertido a los cazadores. Esa misma sensación de calma casi onírica, con un grupo de animales, ajenos o indiferentes a la presencia humana, entre una vegetación lujuriosa, la he vuelto a encontrar en los cuadros selváticos de Henri Rousseau, el Aduanero.

Cuando vi por primera vez los cuadros que Alicia estaba preparando para presentar en esta muestra, en lo primero que pensé fue en Max Ernst. No sabía entonces porqué, no lo sé aun exactamente, pero asocié la obra reciente de Alicia con algunos cuadros que Ernst pintó en año 1936 y que ella no conocía: La ninfa Eco, Un jardín poblado de quimeras, o La alegría de vivir. Volví entonces a ver reproducciones de esas pinturas y encontré ciertas analogías superficiales. En ambas series predominan las formas onduladas y vegetales y diversos tonos del verde. La pintura es detallada y meticulosa, y todo está bañado por una luz pareja que confiere visibilidad a todos los sectores del cuadro. También en ambos casos se nos describe un ambiente intrincado, enrevesado, de difícil o imposible acceso, aunque en las obras de Ernst podemos ver algo del cielo. Pero allí aparentemente se acaban las semejanzas. No parece haber en las obras de Alicia ninguna concesión al surrealismo, ninguna metamorfosis vegetal/animal, ni seres misteriosos, pequeñas quimeras, emergiendo entre la jungla. Sus pinturas, al menos los elementos que las componen, son realistas. Hay, eso sí, un elaborado trabajo de montaje. Alicia fusiona imágenes de animales y aves del litoral con flores y plantas que provienen tanto del jardín de su madre, en su natal Misiones, como de láminas botánicas (como hacía el aduanero Rousseau). Quizás el parentesco que creo percibir deba atribuirlo a un cierto desasosiego que me producen ambas obras, a cierto penetrante misterio que emana de estas obras en las que todo parece estar a la vista, y sin embargo envuelto en misterio. Tal vez se trate de la ausencia del hombre. De que nos enfrentamos a un mundo que funciona sin nosotros, en el que somos solo espectadores, pero donde nuestro acceso está vedado. No podríamos ingresar sin destruirlo.

Se dice que esa serie de pinturas de Max Ernst fueron creadas bajo la fuerte influencia de las pinturas selváticas de Henri Rousseau, con las que comparte esa sensación de misterio y de ensueño. Ciertamente también en estas nuevas obras de Alicia Nakatsuka, en estos espacios de belleza tropical, saturados, agobiantes, nocturnos, con todo el horror vacui de sus obras anteriores (y de los millefleurs), hay un fuerte clima de calma onírica. Podríamos decir el sueño de la naturaleza, tomando ahora ese último término en su acepción corriente. Pero… ¿qué está representado aquí? ¿se trata de la forma en que nosotros soñamos a la naturaleza? ¿o de la naturaleza soñándose a sí misma?



Daniel García. Septiembre 2020

Enlaces:

- SELVA: https://www.subsuelo.com.ar/selva

- ALICIA NAKATSUKA: https://www.subsuelo.com.ar/alicianakatsuka


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