BIO
Rubén Baldemar (Rosario, 1958–2005) fue un artista visual argentino cuya producción ocupa un lugar singular dentro del arte rosarino contemporáneo. Se formó en la Escuela Provincial de Artes Visuales Manuel Belgrano y en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario, donde obtuvo el título de Profesor en 1984. También asistió a los talleres de Mele Bruniard y Julián Usandizaga, y desarrolló una práctica vinculada a la docencia, la pintura, el objeto y la experimentación material.
Su obra se caracteriza por una relación intensa con la historia del arte, a la que abordó desde la cita, la parodia, el humor y la revisión crítica. A través de materiales diversos como cartapesta, fibrofácil, yeso, estuco, cartón, telas, plásticos y objetos encontrados, Baldemar construyó un lenguaje visual donde conviven lo barroco, lo kitsch, lo popular y lo culto.
A lo largo de su trayectoria desarrolló series y obras en las que resignificó imaginarios religiosos, patrios y artísticos, tensionando los límites entre pintura, objeto y artificio. Su producción, recuperada en exposiciones posteriores a su muerte, permite reconocerlo como una figura clave para pensar las derivas de la pintura rosarina de fines del siglo XX y sus vínculos con la ironía, la memoria visual y la cultura contemporánea.
STATEMENT
La obra de Rubén Baldemar se construye a partir de una relación irreverente, erudita y afectiva con la historia del arte. Sus pinturas y objetos dialogan con imágenes religiosas, escenas canónicas, símbolos patrios y referencias de la cultura visual, pero lo hacen desde el desplazamiento, la cita y el artificio, convirtiendo cada obra en una operación crítica sobre aquello que representa.
En su producción, lo barroco convive con lo kitsch, lo popular con lo culto y la devoción con el humor. Baldemar transforma materiales precarios, decorativos o encontrados en dispositivos de gran intensidad visual, donde la pintura se expande hacia el objeto, el collage y el trompe-l’œil. Sus obras no buscan reproducir la tradición, sino tensionarla, desmontarla y volverla extraña.
A través de una mirada aguda sobre los lenguajes del poder, la fe, el consumo y la historia, Baldemar elaboró un cuerpo de obra profundamente singular. Su trabajo propone una lectura crítica de los imaginarios heredados, al mismo tiempo que celebra la potencia del artificio, la teatralidad y el exceso como formas de pensamiento visual.
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